
Kirsten Sehnbruch es lecturer y senior scholar del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de California, en Berkeley e investigadora asociada del Centro de Microdatos del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. |
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¿Flexibilizar o no flexibilizar? Esa es una de las preguntas que definen el debate laboral en Chile. Algunos, incluyendo a unos economistas con Premio Nobel, piensan que la legislación laboral chilena es demasiado rígida. Hay indemnizaciones por años de servicio, hay que justificar los despidos y la jornada laboral es demasiado inflexible. Por lo tanto, si nos deshiciéramos de esas regulaciones, los empresarios tendrían más ganas de generar empleos y, por ende, la tasa de desempleo bajaría. Tengo un archivero entero de estudios que muestran que así sería.
Otros, igual de convencidos, opinan que el mercado laboral chileno es demasiado flexible. La rotación de los trabajadores es altísima, los contratos son cada vez más cortos y no cuesta nada echar a los trabajadores, sobre todo, porque las indemnizaciones casi nunca se pagan en forma íntegra. En fin, la legislación les permite a los empresarios explotar a los trabajadores todo lo que quieran. Tengo otro archivero entero de estudios que muestran que el mercado laboral es demasiado precario.
Fuente:Kirsten Sehnbruch
Llevamos más de 20 años peleándonos por ese tema. Hay verdades escondidas dentro de ambas posturas. De jure, la legislación laboral es un poco rígida. De facto, el mercado laboral chileno es bastante flexible. Con la tasa de rotación que tenemos, debiéramos preocuparnos más de su efecto negativo en la productividad y en la formación de capital humano que de las rigideces legislativas.
Ahora, eso no significa que no sería una buena idea reemplazar, por ejemplo, la mayor parte de las indemnizaciones con un seguro de cesantía que realmente proteja a los trabajadores más vulnerables y que fomente la formación de capital humano, castigando la rotación laboral (tal como se hace, por ejemplo, en Estados Unidos). Eso les daría más libertad a los empresarios para ajustar su fuerza laboral a su situación económica a un menor costo. Y a los trabajadores les daría más protección. Ganan todos, así es que ¿por qué no hacerlo?
¡Pero ojo! Por más que eso sea una buena idea, tendría un impacto sólo marginal en la generación del empleo. Quizás le permitiría a la tasa de desempleo bajar más rápidamente durante momentos de expansión económica. Pero los problemas de empleo en Chile se extienden mucho más allá de la cifra del desempleo.
Actualmente, hay demasiados trabajadores que tienen empleos con ingresos muy bajos, cuya permanencia como "empleados" es muy corta y que trabajan informalmente fuera de la protección del Código Laboral.
De hecho, sólo un 42% de la fuerza laboral en Chile tiene un contrato indefinido. Un 35% tiene contrato indefinido y lleva más de un año trabajando en el mismo empleo y solo un 24% con contrato indefinido lleva más de tres años trabajando en el mismo empleo. Ese 24% son los trabajadores cuyos despidos, en la teoría, podrían salir caros. Pero son los trabajadores que, en los hechos, casi nunca quedan cesantes.
Así es que, por favor, no esperen que una mayor flexibilización del mercado laboral genere mayores cambios, ni en el desempleo ni en el empleo precario. Ya que estamos en un año electoral, sería mejor preguntarse cómo generar más y mejores empleos en Chile. Ha llegado el momento de concretizar las propuestas y la discusión debería empezar por la elaboración de una estrategia de desarrollo que piense el potencial de la economía chilena de generar empleos de calidad y de fomentar la inversión en el capital humano. Pero estoy hablando de una estrategia nacional de desarrollo de verdad. Con visión de futuro. No de otro programita de fomento productivo. Como dijo Robert Solow, Premio Nobel y experto en crecimiento económico, durante su visita a Chile: "A mí no me asusta la frase 'política industrial'". |